lunes, 27 de noviembre de 2006

Los dientes del lobo


Hola, buenas. ¿Sabéis? La idea de hacer un blog ha estado rondándome desde hace unos meses. Pensé: "si paso tantas horas al día navegando y leyendo en Internet, ¿porqué no hacer algo productivo con toda el cúmulo de información procedente de noticias, blogs y artículos de Wikipedia que me meto a diario entre pecho y espalda?". Sí, un blog, tenía que escribir mi propio blog. Al fin y al cabo tampoco tengo tanto que envidiarles a esos otros frikis que pueblan la blogosfera. Mi frikismo puede ser certificado por cualquiera que me conozca un poquillo. Y además, quiero trabajar de periodista, ¡qué coño!, ¿qué aspirante a periodista que se considere mínimamente insertado en su tiempo podría dejar pasar una oportunidad como es la de la nanopublicación? Total que la determinación estaba tomadísima. Pero, como he dicho, estas reflexiones datan de hace ya unos meses. ¿Qué ha ocurrido entre tanto? Pues nada, entre tanto lo que ha pasado es: Matías. Es decir: perfeccionismo paralizante. Sí, Matías iba a escribir un blog, el gran-blog-definitivo, el blog integral. Una bitácora que comprendiese todo tipo de temas de la actualidad global: Internet, nuevos medios, geopolítica, globalización de la economía y de las costumbres, etc. Un blog que supusiera una digestión concisa, sin dejar de ser exhaustiva, de todo lo que se cuece en la Web y en la blogosfera anglosajona, todo ello trasladado, gracias a mi intervención, a nuestra castiza lengua, para ponerlo a disposición del lector hispano. En efecto, he de reconocer que mi pequeño defecto es "comer con los ojos" (aparte de abusar de las comillas. Por cierto, si alguien puede darme un consejo sobre el tema admito feedback). Se trataba de hacer el blog-integral-definitivo (también me gustan mucho los guiones) o nada. Como podréis comprender, tamañas ambiciones no eran compatibles con ponerse a escribir directamente e ir publicando sin más. Era necesario proceder a una concienzuda tarea de documentación previa sobre el mundillo blog hispano que me preparaba a conquistar. Igualmente debía empaparme de los principales medios anglosajones de los que bebería mi producto. Y también tenía que...

¿Y cómo es que este megalómano terminal ha conseguido aterrizar y ponerse a escribir alguna jodida cosa? Os preguntareis. Bueno, pues ahora es cuando se comprende el por qué del titulillo de este post "Los dientes del lobo". En efecto, sí, ¡sois listos! Lo que me ha pasado es que le he visto los dientes al lobo. He tenido una visión. Se trataba de mí, sólo que tenía 48 tacos y me debatía sobre el diseño definitivo de mi futuro blog, ¿sería más apropiado el azul cobalto como color de fondo, o mejor optar por una cosa como más añil?

Y aquí es donde te tengo que dar las grassias Ernesto querido. Ernesto es un dear friend of mine que también es otro pobre enfermo aquejado del mal del perfeccionismo paralizante (sí, ya lo sé, nuestra patología no tiene nada de original estaréis pensando, pero, ¿y qué me decís de confesarla en público en un blog? Ah, ¿eso tampoco? Pues güeno que le vamoh a hasser, si es que ya está to inventao cojoneh. Hasta hablar como chiquito de la calzada ¡joder!). Total que el pequeño Ernesto va y me dice hoy cuando salíamos del cine: "Niño ¡has argo! Lo que sea, escribe un ‘post’ cutre e indocumentado, da igual, ¡pero escribe algo ya, coño!” Y bueno ya abrevio, simplemente decir que esas palabras de esta tarde me han hecho musho bien (grassias de nuevo my dear). Pero no es mi intención seguir detallándoos la historia de como el perfeccionista paralizado se redime rebajando el nivel de sus aspiraciones y pasando definitivamente a la acción.


Stop. Un momento. ¡¿Cómo puedo estar soltándoos este rollo de post?! Mi dominante perfeccionista se está resintiendo un mogollón y me exige que tire este borrador y vuelva a empezar el post con una narración más ligera y menos neurótica. Además, ella, mi dominante perfeccionista, ha estado recriminándome durante todo este rato porque dice que, en estas pocas líneas, además de ser un poco redundante, ya me he saltado varios de los preceptos fundamentales de mi "libro de estilo" para el blog. Resulta que, durante estos meses preparatorios, habíamos decidido juntos que el blog no iba a incluir comentarios de tipo personal, "de ese tipo tú a tú" que tanto se usa en ciertos blogs. Nos queríamos apartar de esa forma narrativa para darle un corte más impersonal que permitiera al lector concentrarse en la información ofrecida en el blog. Y qué decir de la utilización de anglicismos gratuitos, el andaluz de baratillo o el uso de las comillas, la tía está que trina.

Pero por suerte el sermón que me ha soltado el pequeño Ernesto aún está lo bastante fresco, como para rendirme. Mi dominante perfeccionista no se saldrá con la suya esta vez. Estoy dispuesto a publicar mi primer post por mucho que le pese. Se lo he prometido a mi amigo, “De esta noche no pasa Erni te lo juro” dije. Así que…voy a darle al botón de "publish" en el Blogger… Allá va Ernestooooooooooooooooooo

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